¿Amígdala Musical?



Es muy común escuchar hablar del impacto en la música en el cerebro de los niños desde la barriga hasta los 5 años de edad con respecto a aprendizajes, difícilmente hablamos del impacto de la música en la EMOCIÓN de los niños.

“Nunca hablamos de cuanto sienten, siempre hablamos de cuanto aprenden”

Es usual hacer que los niños aprendan canciones con fines cognitivos o didácticos, para hacer silencio, guardar, hacer fila, quedarse quietos o aprender formas, números, colores o nombres de animales y cosas, etc. Curiosamente estas canciones son muy usadas por las maestras en sus dinámicas diarias con los niños o como preparación para actos celebratorios familiares.

¿Qué sucede con la música que pareciera no tener ninguna finalidad evidente?

Clásicos como La Reina Batata, El Mundo del Revés, Mono Machín, Burro Sabio, Como te vaca, Hola Don Pepito hola Don José, La Tortuga Manuelita, Canción de la Vacuna de Maria Elena Walsh y Juan Luis Danmert respectivamente parecieran no cautivar la atención de la mayoría de maestras. Se ha ido perdiendo el sentido y el valor de la música que potencia y enriquece el pensamiento y el juego simbólico y el valor del juego por el juego sin mayor pretensión que sentir y vivir libremente la experiencia musical.

¿Y qué relación guarda la EMOCIÓN con la EXPERIENCIA MUSICAL?

La relación se encuentra en la pequeña AMÍGDALA, una glándula de cuyo buen funcionamiento depende nuestra capacidad para sentir emoción, placer y guardar recuerdos significativos que a su vez alimentan mayores niveles de pensamiento.

¿Qué es la AMIGDALA?


Es la encargada del almacenamiento y procesamiento de memorias asociadas a sucesos y reacciones MOCIONALES.

La amígdala a través del hipotálamo activa el sistema nervioso autónomo, incrementa los reflejos de vigilancia, paralización y escape / huida y expresiones de miedo y neurotransmisores de dopamina, noradrenalina, adrenalina y hormonas del stress.

Justin Feinstein investigador de la amígdala nos dice que “La naturaleza del miedo es la supervivencia, y la amígdala nos ayuda a seguir vivos al evitar situaciones, personas u objetos que ponen en peligro nuestra vida”.

La experiencia musical orientada solo a la “disciplina”, la adquisición de conceptos que los niños “tienen que aprender” o la repetición de canciones memorísticas repetidas mil veces en ensayos extenuantes, generan en los niños un BLOQUEO EMOCIONAL activado como barrera, como reflejo que protege al niño inhibiendo o generando las hormonas que le permitan su supervivencia.

¿Pero acaso con esas canciones estamos atentando contra la supervivencia del niño?

La emoción se funda en experiencias y éstas a su vez sean placenteras o no generan recuerdos emocionales generando memorias emocionales placenteras y por ende conceptos gratos y afectivos que perduran para siempre. He ahí el secreto de la verdadera inteligencia emocional.

Hemos de perder el miedo a la emoción en los niños, el miedo al movimiento, a la experiencia libre e intensa que permite que esa pequeña y gran amígdala funcione fluida generando felicidad hormonal y una evolución armoniosa en nuestras vidas y por sobre todo en la de los niños.

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